NACIÓ LA VIRGEN MARIA
Queridos hermanos:
Si la Virgen de Agosto marca nuestro calendario en el centro del verano, la Virgen de Septiembre nos ayuda a encarar de nuevo la vida que se avecina dura en un siempre largo curso frente a las cortas vacaciones.
Las distintas advocaciones que celebran su fiesta en estos días no nos deben ocultar la razón primera de su ser festivo: la alegría y el gozo de los cristianos al reconocer a la Virgen que nace de nuestra carne y sangre, que es de nuestra raza humana. María es un miembro de nuestra familia. De Ella celebramos el feliz acontecimiento de su venida al mundo, su cumpleaños. Efectivamente, la esperanza cristiana es una virtud que necesita una constante atención, pues, si no, fácilmente se convierte en utopía que nunca llega a tener lugar ni tiempo, o en recuerdo nostálgico de algo que fue bueno y aun magnífico mientras duró, pero que no incide hoy en el cambio que necesita la humanidad.
La Humilde Nazarena vino al mundo por obra y gracia de sus padres que llama la tradición con los preciosos nombres de Joaquín y Ana. Dios añadió a su creación la plenitud de la Gracia, por la que quedó formado el ser humano con mejores perspectivas para su posterior desarrollo y misión que nadie nunca tuvo igual.
Y, si, por el fruto de sus entrañas, nos ha venido todo lo mejor, Ella es eso mejor que Dios nuestro Padre quiso regalarnos en su Hijo: la salvación de los pecados, la liberación del mal y de la muerte, la plenitud de la Vida. Con María, hijos en el Hijo de Dios, y para siempre.
Aurora que anuncia el Día, Estrella de la mañana, y tantos sugerentes nombres que añadimos al de María para indicar que, por muy negro que aparezca el horizonte en el devenir de nuestras sociedades y por culpa de nuestros intereses y egoísmos, hay Alguien que trae la luz imparable del Día de Nuestro Dios. Este mundo gris y tantas veces acostumbrado a ese “ir tirando” no tiene que ser así. Y María, desde su nacimiento inmaculada, nos asegura un presente-futuro, una forma y manera de vivir que adelanta el Reino de Dios y que va transformando la realidad desde dentro de sus estructuras y personas.
Pues Ella no nace para sí. Su venida al mundo es eso, venir a nosotros, para nosotros. Lo que tendríamos que ser nosotros: todo para todos. María fundamenta nuestra esperanza y la hace activa en el seguimiento del fruto de su vientre, de Jesucristo. Por Ella y su maternidad, pudo decir de sí mismo el Señor con toda verdad que era el Hijo del Hombre.
Termino recordando unas palabras de Juan Pablo II en su carta sobre la dignidad de la mujer, pues si alguien puede tener alguna ventaja en el nacimiento de la Virgen María es la mujer: “María significa, en cierto sentido, superar aquel límite del que habla el Libro del Génesis (3, 16) y volver a recorrer el camino hacia aquel "principio" donde se encuentra la "mujer" como fue querida en la creación y, consiguientemente, en el eterno designio de Dios, en el seno de la Santísima Trinidad. María es "el nuevo principio" de la dignidad y vocación de la mujer, de todas y cada una de las mujeres. (Mulieris dignitatem, nº 11)
Vuestro obispo,
+ Antonio